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La profilaxis es una herramienta de prevención ante la piorrea, pero en ningún caso sirve para tratarla ¿Has oído que las higienes dentales sirven para tratar la periodontitis o piorrea?
Es muy probable porque existe cierta confusión al respecto.
El motivo es que muchas personas confunden las higienes dentales con los raspados y alisados radiculares (mal llamados “curetatges”).
Aunque ambos tratamientos son muy útiles para hacer frente a la enfermedad periodontal, juegan diferentes papeles y se emplean en momentos distintos.
Las higienes dentales (también llamadas profilaxis) eliminan la placa bacteriana y el “sarro” que se acumula en la superficie de los dientes.
También terminan con las manchas superficiales.
Para realizarlas, los dentistas utilizamos aparatos sónicos y ultrasónicos que, a través de ondas vibratorias, rompen el cálculo del exterior del diente sin que afecte al esmalte.
La propia Real Academia Española (RAE) define profilaxis como “preservación de la enfermedad”, lo que ya nos da una pista de su función como herramienta de prevención frente a la periodontitis.
Herramienta de prevención, no de cuidado Pero… ¿qué ocurre si ya tenemos periodontitis?
¿Sirven las higienes dentales para tratarla?
Rotundamente no.
La gingivitis es la forma más leve de las enfermedades periodontales, una inflamación que afecta sólo a la encía y que sí podemos curar mejorando nuestra higiene bucodental y haciéndonos higienes profesionales.
Sin embargo, la periodontitis o piorrea exige un tratamiento más profundo que se suele dividir en tres fases: higiénica o desinflamatoria, correctiva o quirúrgica y, por último, la fase de mantenimiento periodontal.
Es en la primera de estas fases donde se emplean los raspados y alisados radiculares, que muchas veces se confunden con higienes dentales.
A diferencia de estas últimas, los raspados y alisados realizan una higiene más profunda.
Su objetivo es eliminar las bolsas periodontales, es decir, aquellas acumulaciones de bacterias que se forman debajo de las encías, separándolas de la raíz del diente y destruyendo el hueso que lo rodea.
Los raspados y alisados suelen hacerse por cuadrantes, en cuatro sesiones, mientras que las higienes se realizan habitualmente en una única sesión.
Los raspados y alisados sólo están indicados cuando después de un sondeo periodontal detectamos inflamación y sangrado o supuración de las encías.
¿Y los curetajes qué son?
Los raspados y alisados radiculares son, a menudo, mal llamados curetajes.
Quizás porque en ambos procedimientos se utilizan unos instrumentos llamados “curitas”.
Pero los curetajes son una técnica quirúrgica que se emplea en la segunda fase del tratamiento periodontal y que sólo es necesaria en casos avanzados de periodontitis.
En definitiva, las higienes dentales previenen y pueden curar la gingivitis, pero no curan la periodontitis o piorrea.
Para no volver a confundir las higienes dentales con los raspados o alisados radiculares podemos seguir el refrán popular: Más vale una o dos higienes dentales al año (prevenir) que los raspados o alisados radiculares (curar).
